Thor Heyerdahl

Uno de los géneros que he venido dirigiendo (y realizando) con más placer desde el comienzo  de mi carrera profesional, ha sido el Documental. He tenido la oportunidad de participar en diversas producciones de este tipo, por encargo de algunas Productoras,  tales como VideoImagen y Comunicación, VideoCoop, Telesur90… y algunas más. De todas guardo buenos recuerdos, pero en esta ocasión me centraré en la “Isla Mágica”, un trabajo que se realizó íntegramente en el archipiélago canario y que me permitió conocer de cerca algunos personajes con los he podido mantener una buena amistad a lo largo de los años.

Thor Heyerdahl
Realizando una entrevista a Thor Heyerdahl.

En aquella ocasión, recibí el encargo de dirigir un Documental que recogiese, entre otros contenidos, antiguas leyendas de la civilización Guanche y como no, la existencia, conformación y posible origen de las llamadas Pirámides de Güímar, que en aquellos días comenzaban a ser estudiadas por algunos arqueólogos y que yo había tenido la suerte de conocer a través de unos amigos de Tenerife. Un tiempo después, tendría la oportunidad de dar unas conferencias (patrocinado por el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz) sobre estos y otros asuntos, intentando poner en valor aquellos descubrimientos que habían sido sacados a la luz en la mencionada población de Güímar, así como en otras islas y lugares.

En los distintos viajes que hicimos a las Islas, tuve la suerte de conocer y trabajar codo con codo, en distintas excavaciones, con el explorador noruego Thor Heyerdahl. También con el profesor mexicano Germán Carrasco e incluso participar en las primeras catas y estudios (con georadar) que llevó a cabo el profesor Wong al frente de un equipo de investigadores chinos y estadounidenses. Pero la persona que realmente influyó de forma más positiva, en mi interés sobre las antiguas civilizaciones, la antropología y el conocimiento sobre el pasado del ser humano fue y ha sido, sin lugar a dudas, el profesor Heyerdahl.

Nacido en Larvik (Noruega), recibió durante su dilatada vida académica once doctorados honoris causa por distintas universidades europeas y americanas. Sus expediciones transoceánicas en frágiles embarcaciones de papiro y otros materiales primitivos, pusieron en conocimiento del público general las primeras navegaciones del hombre. Y lo hizo por la vía de la comprobación directa, esto es, navegando como lo hicieron aquellos primitivos marinos. Si bien es cierto que sus teorías antropológicas, enmarcadas dentro de los últimos estertores del difusionismo han quedado un tanto difuminadas a lo largo del tiempo, sus investigaciones y derrotas (en sentido náutico) sobre las rutas desde Egipto o hacia la Polinesia siguen siendo fuente inagotable de artículos y estudios.

La Kon-Tiki en 1947
La Kon-Tiki en 1947.

En 1947 realizó una navegación por el Pacífico con una embarcación hecha con troncos y materiales autóctonos de Sudamérica. Esta barca recibió el nombre de Kon-Tiki y pudo navegar con ella 4.300 millas desde América del Sur hasta las islas de Tuamotu,  en la Polinesia francesa, toda una aventura difícil de describir y que el Cine finalmente ha llevado a la Gran Pantalla. En aquella gesta se acompañó de cinco marinos más y por supuesto toda la navegación la llevó a cabo sin ninguna clase de ayuda o geo localizadores (GPS) hoy en día imprescindibles en cualquier navegación, por pequeña que sea. Demostró en aquella ocasión, que las poblaciones originarias del Cono Sur podían haber conquistado y poblado aquellos archipiélagos, contradiciendo la opinión general de que los mismos habían sido primeramente visitados por migraciones que comenzaron en el continente asiático. Aquel viaje de 101 días por el Océano Pacífico probó cómo los navegantes prehistóricos no estuvieron sometidos a las pequeñas navegaciones costeras, pudiendo realizar derrotas muy amplias. También construyó, posteriormente, los botes (o balsas) Ra y Ra II en un intento por demostrar que los antiguos egipcios podrían haber visitado América siglos antes de la llegada de Cristóbal Colón. Su última gran exploración náutica fue pensada para ser realizada desde la nave Tigris.

Pude mantener, en distintos viajes algunas conversaciones con el renombrado profesor, tocando uno y mil temas distintos pero siempre enlazados con la antropología, la arqueología y la mitología. En cualquiera de estos campos su reputación era muy elevada y sus opiniones respetadas en todo el ámbito universitario. Además fue uno de los últimos grandes marinos y exploradores. Su idea acerca de la posibilidad de que ciertas culturas de América del sur hubiesen llegado navegando hasta la Polinesia, fue un hito revolucionario en el pensamiento histórico y antropológico. Y esto era exactamente lo que Thor Heyerdahl pensaba, que algunas poblaciones andinas, siguiendo el mandato de su dios Viracocha, armaron sus pequeñas balsas y navegaron, guiándose por las estrellas en travesías de más de siete mil kilómetros consiguiendo llegar hasta los confines de la Tierra para poblarla. Y en ello puso su empeño y su propia vida.

Thor Heyerdahl
Thor Heyerdahl dando una Conferencia.

Cuando el 7 de agosto de 1947 el explorador noruego arribó a un arrecife desconocido en el atolón de Raroia, en las islas Tuamotu, estas ideas se vieron plasmadas en la realidad que solo da la certeza. El bravo navegante había conseguido realizar un hito en las hazañas marinas. Pero también había comenzado un viaje iniciático que le llevaría a través de su apasionante vida a estudiar muchos de los misterios que envuelven la historia del ser humano.

Cuando le conocí acababa de llegar de Perú, en donde estaba participando en unas importantes excavaciones arqueológicas. En aquellos momentos hacía ya años que era considerado un erudito sobre civilizaciones antiguas. Sus estudios y publicaciones son ingentes, como muestra baste saber que tiene escritas más de cinco mil páginas sobre los “Mohais” de la Isla de Pascua. Pero también era un experto en pirámides, en antiguas civilizaciones y en determinadas culturas americanas. Precisamente al momento de escribir estas líneas estoy releyendo, por enésima vez, una de sus obras sobre las Islas Maldivas.

Intentar resumir su vida, sus publicaciones, sus estudios o sus logros como marino y antropólogo en un pequeño artículo como este, es simplemente imposible. Él me animó a continuar realizando documentales e investigando por mi cuenta sobre todas aquellas materias, sucesos y lugares. Y también a que pusiera negro sobre blanco todas las inquietudes e ideas que rondaban mi cabeza. Fruto de su insistencia, me animé a escribir mis primeras novelas y a buscar, a veces con vehemencia, sentido a preguntas que todavía hoy permanecen sin respuesta. Él fue el último gran explorador y su memoria se perpetúa en cada nueva investigación que se inicia en el mundo, en este intento casi imposible de conocer quiénes somos y de donde venimos.

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