Distancia Focal

Uno de los elementos de estudio más importantes a la hora de comprender cuál es el trabajo que la cámara debe realizar es el de la distancia focal. Es por tanto que los Directores y Realizadores debemos tener muy en cuenta este componente técnico así como su uso y aplicación en la práctica narrativa. Además su conocimiento nos permitirá jugar con distintos encuadres, campos de visión, perspectivas e incluso conseguir una influencia emocional determinada en el Espectador.

Cámaras Sony
Cámaras Sony de Distancia Focal Variable.

Podemos definir el concepto de distancia o longitud focal como aquella distancia que existe entre el centro óptico del objetivo y la superficie del sensor de la cámara, cuando se procede a enfocar al infinito. Desde luego podemos entender por sensor los CCD (Charge Coupled Device) o CMOS (Complementary Metal Oxide Semiconductor) correspondientes, o el mosaico del tubo (si la cámara trabaja todavía con este sistema) o la emulsión fotográfica de la película (si trabajamos con cámaras de cine  fotográficas, en 35 mm por ejemplo) etcétera, es decir debemos tener en cuenta el soporte físico que utilizamos. Pero lo importante realmente es conocer cuánto “trayecto” hay entre nuestra lente (en teoría el centro óptico de la misma o plano nodal posterior) y el sistema elegido para que la imagen sea expuesta correctamente para su captura en lo que denominamos plano focal (que es donde se deben ubicar los elementos sensibles de captación de imagen).

La distancia focal puede ser fija o variable, dependiendo del tipo de objetivo que se utilice. Obviamente en el primer caso las posibilidades de trabajo son menores que en el segundo, donde podremos utilizar distintas longitudes focales para composiciones y narrativas distintas, aunque esto no siempre tiene que ser necesariamente así.

Por distancia focal fija entenderemos aquella que aparece preestablecida como tal y no puede cambiarse a no ser que se proceda a un cambio físico del objetivo que la sustenta. Hablamos por tanto de objetivos fabricados de tal forma que no permiten cambiar su distancia focal. En este sentido podemos encontrarnos (y trabajar) con objetivos de distancia focal fija de 35 mm, de 50 mm o de 120 mm, por mencionar sólo alguno de ellos. Si queremos aumentar o disminuir el encuadre debemos proceder a realizar el correspondiente cambio de objetivo, mover la cámara de posición o acoplar un objetivo suplementario. En general esto, que puede parecer engorroso o poco práctico, puede presentar algunos beneficios como la calidad final ofrecida por las lentes de este tipo de objetivo o la posibilidad de poder ofrecer una apertura algo mayor, aunque hoy en día ambos tipos de objetivos (fijos y variables) pueden llegar a presentar calidades similares.

Si podemos cambiar la distancia focal sin necesidad de cambiar el tipo de objetivo que estamos utilizando nos encontramos con la distancia focal variable.

Cámara Canon
Cámara Canon de Distancia Focal Variable.

Cuando usamos una distancia focal variable debemos tener en cuenta una serie de fenómenos ópticos y visuales que producirán en el espectador distintas emociones. De esta manera si queremos realizar una introducción al tema que estamos intentando narrar, lo más probable es que las longitudes focales cortas nos ayuden a mostrar el asunto en su conjunto, ofreciendo un ángulo de visón amplio que introduzca al espectador de forma directa en la secuencia, aportándole una buena cantidad de datos. Por el contrario un objetivo con posibilidad de atacar una distancia focal larga nos ofrecerá menos datos (en comparación con los ofrecidos en la secuencia anterior con focal corta) dado que su ángulo de visión será más reducido. El procedimiento de cambio de focal es lo que denominamos en la práctica como “zoom avante” o “zoom atrás” probablemente de forma poco acertada.

En realidad debemos poner en valor todas y cada una de las posibles distancias focales, teniendo en cuenta la bondad de cada una de las mismas en relación a lo que queramos expresar en cada momento. Por tanto y a priori, cualquier distancia puede ser buena siempre que sea la apropiada a aquello que queremos reflejar en derechura.

En este sentido, distancias cortas (25, 28, 30 mm por ejemplo) nos proveerán ángulos de visión amplios con buena profundidad de campo, mientras que las focales largas (120, 150, 300 mm por ejemplo) reducirán estos ángulos y también la profundidad de campo de los mismos. El teleobjetivo nos permitirá acercar aquello que queremos retratar, pero aumentará su tamaño, producirá un efecto de cambio en la perspectiva y en la mayoría de los casos aportará una sensación de aplastamiento del objeto o sujeto principal con el fondo. El objeto-sujeto aparece “pegado” al fondo, debido a la escasa o nula profundidad de campo, siendo por tanto necesario escoger bien la longitud focal a usar, para que esta “juegue” a nuestro favor y no en contra del efecto narrativo buscado.

Por tanto podemos concluir que el cambio de distancia focal afectará al campo de visión aumentándolo o reduciéndolo, con todo lo que esto conlleva. Perspectiva, tamaño y profundidad de campo son factores a tener en cuenta a la hora de elegir correctamente el ángulo de trabajo deseado.

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