Reality Show I

Introducción (Dos palabras sobre el término más adecuado).

La telerrealidad se ha convertido en un hecho social. No cabe la menor duda. Otro asunto es poner de relieve su bondad o la ausencia de la misma. Desde estas líneas intentaré presentar al lector avezado cual ha sido el origen y alcance de este fenómeno, su transcendencia y capacidad de mutación. Es evidente que como profesionales del medio, el formato (¿?) no sólo nos ha cautivado, sino que nos ha hecho dependientes del mismo en gran medida. La realidad es que las principales cadenas de televisión del mundo (nos guste o no) usan (y en algunos casos, abusan) de este tipo de programas y lo seguirán haciendo en tanto en cuanto las audiencias sigan premiando con su atención la emisión de los mismos.

Denostado por muchos, alabado por otros, el Reality Show ha pasado a formar parte de la propia historia de la televisión y probablemente este hecho se perpetúe en el tiempo mientras ambos, televisión y telerrealidad, sigan caminado juntos.

Allen Funt
Allen Funt, aunó en los inicios, la Cámara Oculta y el Reality Show.

En realidad el tema no es pacífico, sino que existe una gran beligerancia al respecto. En este sentido intentaré poner en orden algunas ideas (con el solo objeto de tenerlas negro sobre blanco y sin ningún interés en participar de la polémica que lo acompaña) que probablemente ayudarán (a los que desconocen el fenómeno en profundidad) a poder valorar con mayor criterio tan conocido portento televisivo.

De esta forma, sería bueno completar los párrafos anteriores, antes de desarrollar más el asunto, con una pequeña disquisición lingüística… ¿Debemos hablar de telerrealidad o bien de Reality show?

Si queremos abordar el tema desde un punto de vista formal, el término “telerrealidad” sería el más adecuado. En puridad, debemos usar aquello que ya existe en nuestra lengua común (o que puede concebirse como tal en la misma sin menoscabo de su propio significado) con preferencia a otros términos que deben, cuando menos, ser importados o adaptados al objeto de poder llevar a cabo de forma acertada la finalidad del propio lenguaje: la comunicación. Dicho lo anterior… ¿Acaso no son las lenguas instrumentos vivos, mutables y en continua transformación? Entonces tal vez podamos usar el anglicismo “Reality show” sin miedo a estar errando.

Probablemente los más academicistas (en este momento debemos tener claro que la Real Academia Española no hace el idioma sino que lo fija) se decantarán claramente por el primero de ellos, pero lo que sí es evidente es que el segundo (Reality show) ha calado profundamente en el lenguaje popular y cuando menos en España, pocas personas se refieren al tipo de programa que nos ocupa, con el término “Telerrealidad”. Es la vieja polémica que abandona el deporte y viene a la televisión: balonmano, baloncesto/ hand-ball, basket ball; pero también balompié frente a fútbol (foot-ball) en donde en unos casos triunfa la adaptación o el vocablo castellano y en otros el anglicismo. Y es que el idioma lo crea y transforma el pueblo con su uso continuado, dejando eso sí, que la Academia establezca las correspondientes normas para su unificación y utilización correcta. Por tanto a nadie extrañe si en los pocos párrafos que continúan este articulo, utilice indistintamente uno u otro, Telerrealidad o Reality Show (e incluso para molestar más si cabe realitie o realities).

Mis disculpas a Fernando Lázaro Carreter y a Víctor García de la Concha si incurro, por tanto, en algún despropósito semántico o lingüístico.

Pero… ¿Qué es la Telerrealidad?

Básicamente, trasladar situaciones y sucesos de la vida real a la Audiencia. Al espectador. Es posible que en otros tiempos nos conformásemos con ojear a través de la mirilla, pero hoy en día (y la cosa viene de largo) esto no es así y el gran público quiere “meterse en la vida de los demás”.

Buscando un acercamiento algo más técnico podríamos decir que el Reality Show viene a documentar y exponer (muchas veces de forma cruda) situaciones del mundo real en las que participan personas (en principio, aunque no siempre ocurre de esta forma) desconocidas. Es un acercamiento televisivo al drama mundano, al quehacer cotidiano y al conflicto (a veces forzado) permanente, pues en el fondo nos encontramos en muchas ocasiones reflejados en un espejo televisivo que todos queremos negar a priori.

CB
Chuck Barris en The Gong Show.

El formato busca descubrir y trasladar a través de las ondas la propia síntesis de nuestra humanidad. Y esta queda impresa tal como es, con sus luces y sus sombras. Aunque, no lo niego, también cabe la manipulación. La Telerrealidad, tal como hoy la concebimos alcanza a mostrar a millones de espectadores las intimidades más o menos sobreactuadas de aquellos que al participar en ella, pasan a convertirse en personajes populares que adoptamos como nuestros y a cuyas andanzas reservamos algo, poco o mucho de nuestro preciado tiempo.

En cualquier caso, el Reality Show debe conservar siempre la frescura que le da la propia libertad de actuación de sus participantes, su compromiso hacia la Audiencia y su capacidad para mostrarse tal como son. Lo demás se convierte en el mejor de los casos en propaganda casual, en vano soporte publicitario e incluso en manipulación pura y dura, tanto de los participantes como de la propia Audiencia.

La Telerrealidad vino para quedarse y su evolución será, sin lugar a dudas, sorprendente.

¿Hasta dónde queremos llegar? Probablemente hasta donde la Audiencia demande. Con el tiempo y la perspectiva que este otorga, podremos llegar a analizar si nuestra participación en este fenómeno fue oportuna o si por el contrario, caímos nuevamente en la vieja trampa que tan bien describió en sus versos, amargamente, Juvenal:

“… iam pridem, ex quo suffragia nulli uendimus, effudit curas; nam qui dabat olim imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se continet atque duas tantum res anxius optat, panem et circenses”

(Sátiras X, 77–81)

¿Estamos de nuevo, ofreciendo Pan y Circo, o realmente estamos aportando algo al entendimiento de las relaciones humanas y la interactuación entre personas, basándonos en la libertad de expresión y en el afán de ofrecer algo que posibilite el avance social?

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