La Virgen Negra I

[Apenas cuatro sillas más, con sus escabeles y una talla virginal, completaban junto al pequeño altar, todo el oratorio. La talla, en madera noble sin lugar a dudas, representaba a Nuestra Señora y aunque la misma aparecía bien conservada su color era oscuro. “Probablemente, el paso de los años” pensó Fray Juan. Sobre la columna que la sustentaba, una inscripción tallada avisaba a los visitantes: “Virgini pariturae”

La doncella les había dejado solos y Fray Pedro oraba junto a la talla, en voz baja, con calma, con reposo. Fray Juan aprovechó ese momento de recogimiento para nuevamente observar los detalles de la Capilla y llenarse del gozo que su estancia en la misma le producía. La luz se filtraba en ella pausadamente…

El Séptimo Caballero
“El Séptimo Caballero”.

Fray Juan entornó los ojos y oró con gran devoción. Por último, terminó su plegaria, y sin saber por qué, volvió a su mente la sentencia que poco antes había podido leer bajo el Altar: “Los fundadores de este templo sean colocados en la mansión celestial y los que entraren en él, les acompañen en la misma” Después se quedó pensativo, y le invadió la tristeza.] (“El Séptimo Caballero”. Patxi Grande. 2015)

Es mucha la literatura que se ha escrito acerca del origen de las llamadas Vírgenes Negras. Las teorías al respecto son variadas y muchas de ellas carecen de fundamento en su formulación o simplemente recogen leyendas más o menos extendidas a lo largo de los siglos. La más sencilla de todas es aquella que identifica el color de las mismas con la transformación de ciertos materiales como el marfil o determinados tipos de madera que al oxidarse o por el contacto permanente de años con distintos aceites como el de nuez, (que se utilizaban para su mejor conservación) o el propio humo de los cirios y velas que las acompañaban, acabaron por producir este matiz en las tallas. Esto sólo para aquellos casos en los que directamente no se había utilizado (como sucede en algunas tallas) materiales oscuros por su propia naturaleza como pueden ser las maderas de ébano o algunos tipos de nogal o palisandro, pero también el granadillo y otros muchos que varían desde el rojizo al marrón o negro.

Pero otras teorías encauzan el culto mariano con la continuación (más bien de forma iconográfica, aunque no siempre ha sido así) de otros ritos anteriores al cristianismo que derivan de otras religiones, en donde se veneraban deidades femeninas. Prácticamente todas las civilizaciones y culturas antiguas poseen esta misma característica. De esta forma Isis, Diana (se decía que en Éfeso se veneraba una estatua suya de color negro) Cibeles, Artemisa, Deméter y así un largo etcétera sin olvidar  que también aparecen en las deidades amerindias o africanas.

Otra rama del fornido árbol teórico sobre estas advocaciones de Nuestra Señora, la componen aquellos investigadores que intentan enlazar (sin base sólida la mayoría de las veces…) el color y algunas otras circunstancias sobre su culto con la Orden del Templo de Jerusalén. En efecto son bastantes las leyendas (¿?) que circulan al respecto, enlazando la existencia de estas vírgenes negras con los Caballeros Templarios.

Philae
La Isla de Philae.

En uno de los trabajos que llevé a cabo para VideoCoop (FLV) realizamos, como ya he comentado en otros artículos, un pequeño documental investigando una de estas vírgenes negras, la situada en la preciosa villa de Adeje, en Tenerife, el pequeño continente. El caso es que allí tuve la oportunidad de conocer la leyenda sobre la hoy desaparecida Isla de Philae, los templarios y la Diosa Isis.

File o Filé era una isla que estaba situada a unos diez kilómetros de Asuán, en el rio Nilo y que en sus mejores momentos se hizo célebre por albergar una serie de templos (construidos en distintas épocas, sobre todo en el tiempo de los Ptolomeos) dedicados al culto de la diosa Isis. Este culto, en su mayor esplendor, alcanzó una gran importancia en parte de Europa hasta que el emperador Justiniano prohibió el mismo en el año 535 d.C. De todos es conocido que el pasado siglo, con motivo de la construcción de la famosa presa de Asuán la misma quedó sumergida y que fue gracias al esfuerzo de la Unesco (y de los países que participaron en el proyecto) que los templos pudieron ser desmontados, trasladados y reconstruidos en la isla de Agilkia.

Hasta aquí la historia, ahora la leyenda. Durante las cruzadas, se cuenta que algunos Caballeros Templarios llegaron navegando el río Nilo hasta la misma Isla de Philae y que maravillados por la hermosura del lugar y lo que allí vieron y encontraron, decidieron (adaptándolo a sus creencias) asimilarlo a sus propias liturgias. De esta forma habría nacido el culto a las vírgenes negras, ya que se supone que tal era el color de la diosa (Isis) allí venerada.

Nuestra Señora
Nuestra Señora de Candelaria.

Sea cierta la leyenda o no, la realidad es que en Europa (y en lugares especialmente significativos) fueron apareciendo a lo largo de los años y hasta prácticamente nuestros días, multitud de tallas con esta característica en su color. Tal es el caso de las no menos de veinticinco que se conocen en España, siendo multitud si tenemos en cuenta las existentes en el resto de Europa o América.

Como quiera que fuese, y a pesar de los distintos cambios que ha venido sufriendo la talla que descansa en la Villa de Adeje, cuando nuestro equipo realizó el documental en cuestión, presentaba todas las características necesarias para poder ser encuadrada en el grupo de las vírgenes negras. La realidad es que existen bastantes imágenes de la Virgen de Candelaria, tanto en nuestro querido Archipiélago como en América, en donde he tenido la oportunidad de visitar (y filmar) algunas, como la que se venera en Caracas. La historia de esta advocación (me refiero a la Virgen de Candelaria genéricamente, no a la talla situada en Santa Úrsula de forma específica) permanece en el litigio ya que la mayoría de sus investigadores no parecen ponerse de acuerdo sobre su origen o la fecha de su aparición. No obstante lo anterior todo apunta a considerar como opinión mayoritaria, el hecho de la aparición de la misma en la Playa de Chimisay, unos cien años antes de la conquista de Tenerife por los españoles, estaríamos hablando por tanto de principios del año mil cuatrocientos, con la correspondiente reserva de error.

(Continua en La Virgen Negra II)

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