Ceremonia del Yopo II

El Chaman Bolívar preparó por tanto el Yopo para su posterior consumo, machacándolo con su pequeña piedra ceremonial, sobre un ligerísimo cuenco de madera hasta conseguir crear un polvo finísimo, apto para la inhalación. Al poco uno a uno, fuimos probando la misteriosa preparación aspirándola desde un tubo alargado hecho con un hueso de garza que acababa en dos extremos que debían ser introducidos en la nariz. El Chaman soplaba la droga desde el otro extremo con gran fuerza por lo que el primer impacto era bastante contundente. El ritual se repetía varias veces y al poco el cuerpo procedía a limpiarse rechazando desde el estómago cualquier comida ingerida con anterioridad. La experiencia del Yopo puede no ser agradable físicamente, los mareos y vómitos pueden llegar a ser una constante, en cambio el efecto alucinógeno que provoca abre la mente de tal forma que es imposible expresar con la sencillez de las palabras el impresionante mundo onírico al que tan potente preparación conduce. Es entonces, durante las horas de superconsciencia, cuando el Yopo regala un repaso escalonado de tu vida anterior y te proporciona la lucidez suficiente como para poder entender algunos sucesos pasados que han quedado de alguna forma incompletos o pendientes de concluir.

Patxi Grande Orinoco
Tomando un plano en el Orinoco.

Pero el efecto del Yopo sobrepasa el mero hecho alucinógeno (que hemos podido comprobar con otras plantas como el Mezcal o el Peyote) transportándote cerca del “súper yo” planteado por Sigmund Freud. Finalmente, la ceremonia se convierte en una vivencia íntima que pone en comunicación activa todo nuestro sistema neuronal, creando un auténtico éxtasis de experiencias personales, donde los sueños (pero también los miedos y terrores) de cada cual pueden aflorar con la facilidad de la gota que cae por su propio peso durante la época de las lluvias. Pero esta visita, con ser todo lo anterior suficiente, me impresionó por un hecho, que todavía hoy me perturba, y que nada tiene que ver con el ritual del Yopo o las drogas alucinógenas de origen mesoamericano. Ocurrió el suceso, aunque ahora lo cuente como broche final de estas líneas, antes de dar comienzo la Ceremonia del Yopo. El asunto fue que desde el día anterior venía sufriendo un fuerte dolor en el costado izquierdo, en la zona baja de la espalda, que no presagiaba nada bueno. He de decir que en aquella época y durante algunos años padecí (aunque uno nunca se termina de liberar de esa pesada carga lo escribiremos en pasado) con gran sufrimiento de la enfermedad conocida como litiasis renal. Esta presencia de cálculos en mi riñón izquierdo (que me obligó años después a pasar por quirófano) me provocaba unos cólicos nefríticos muy dolorosos, imposibilitándome, en algunas ocasiones, totalmente. Pues bien, camino del poblado donde iba a llevarse a cabo el asunto del Yopo, el cólico vino a visitarme, por lo que cuando conocí al Chaman Bolívar el dolor era ya bastante insoportable y el panorama negro por demás (busca en la selva calmantes).

Pues bien, ocurrió un hecho que me dejó impresionado. El Chaman conocía perfectamente mi llegada y mi padecimiento y apenas después de cruzar dos palabras con nuestro guía me pidió que me sentara a su lado. Todo tuvo lugar dentro del Isode, allí el hombre de la selva comenzó a realizar unos cánticos mientras frotaba con sus manos mi costado dolorido. Al cabo de unos minutos en los que todo pareció ralentizarse, mi dolor desapareció por completo. Miraba estupefacto al Chaman cuando este retorciéndose levemente (como en un trabajo realizado a cámara lenta) me sonrió con una gran ternura y tomó mi mano izquierda para acercarla a su boca. En principio, no entendí tal gesto, entre otras cosas porque estaba asombrado de que aquel terrible dolor hubiera desaparecido por completo… en Madrid, hubiera tenido que ir a urgencias de algún hospital y ser tratado con calmantes potentes para conseguir tal efecto, pero la cosa no acabó ahí… como decía tomó mi mano izquierda y la dirigió a su boca.

Cálculos PG
¡Era el cálculo de mi riñón!

Después, mirándome a los ojos acercó sus finos labios a la palma de mi mano y dejó caer desde lo profundo de su boca una minúscula piedrecita… ¡Era el cálculo de mi riñón!  No podía ser. Era absolutamente imposible. Y sin embargo ocurrió. Sacó mi piedra del riñón y me alivió de forma instantánea. He de decir que este suceso me impresionó sobremanera y que durante muchos meses fue un tema recurrente en mi vida, en mis conversaciones, en mi pensamiento. Fue una experiencia única (y probablemente irrepetible) que me llevó años después, ante la ignorancia e incredulidad de muchos de los que me rodeaban, a llevar dicho cálculo a un laboratorio farmacéutico para ser analizado.

En mi casa conservo el informe entregado días después al respecto,

“Datos de la muestra: Cálculo renal; Estudio cristalográfico; Origen: RENAL; Resultado: Cristales de Oxalato cálcico dihidrato; validado por EMG.” Firma de la directora del laboratorio, etcétera, etcétera. Solo en ese momento, cuando recibí los resultados del análisis, di el tema por acabado. Fue precisamente en ese instante cuando realmente todo se ordenó como en un puzle descompuesto y nuevamente reconstruido, para ofrecerme la respuesta científica que con tanto anhelo había venido buscando.

Entonces, finalmente, el círculo se cerró. Fiat Lux.

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