Ceremonia del Yopo I

La primera vez que tuve ocasión de tomar contacto con los Piaroa de la Amazonia venezolana pude participar en una ceremonia, hoy famosa ya y conocida de todos, pero que en aquella época todavía tenía la magia de lo misterioso y desconocido. Era esta la Ceremonia del Yopo. Bien es cierto que quince, veinte o veinticinco años atrás la situación de los pueblos indígenas de la Amazonia (Brasil, Venezuela y Colombia fundamentalmente) era muy diferente a la de hoy en día. En aquella época todavía suponía una aventura adentrarse en la selva o formar parte de las pocas expediciones que se sumergían en lo profundo del Amazonas o del Alto Orinoco. Siempre he recorrido esas tierras trabajando (como cineasta o investigador) nunca como turista. Hoy las cosas han cambiado y cuando tengo la oportunidad de compartir mis experiencias con algunos viajeros que llegan de allí, puedo ver con gran desagrado hasta qué punto se ha comercializado con la cultura de estos pueblos y como el mal llamado progreso ha tenido una influencia negativa en los mismos. Todo lo contrario a lo que yo hubiera deseado. Pero vayamos al grano, ya que no es esta la sede para poner de relieve el daño que los “civilizados” occidentales hemos hecho en esa zona de nuestro querido planeta azul.

Grabando en el Alto Orinoco
Grabando en el Alto Orinoco

Participé, por tanto, en una expedición (llamémosla así para darle un aire más aventurero) en la que buscábamos vivir en primera persona (y filmar para una conocida cadena de televisión generalista) algunas experiencias junto a los nativos originarios de la capital del estado Amazonas, Puerto Ayacucho, en nuestra amada tierra venezolana. Como quiera que fuese, en aquel viaje pudimos realizar diversas salidas a la selva y fue la primera vez que (yo cuando menos) pude navegar por el río Orinoco y algunos de sus afluentes como el Parguaza, o el caño Carinagua. Bien en bongos tradicionales de madera o incluso en neumáticas modernas tipo zodiac y siempre en busca de poblados o lugares con algún componente mágico o misterioso. Después participaría en otras expediciones, distintas y no menos interesantes, conociendo otros pueblos como los Yanomamis, cuyo contacto supuso para mí una experiencia realmente impactante. Manaos y el Amazonas (en Brasil)  y por supuesto el Río Meta, ya en Colombia fueron también peldaños que pude escalar en el cumplimiento de un sueño que venía arrastrando desde mi primera adolescencia.

Pero llevo a los Piaroa en el corazón. Ellos fueron los primeros. Este gran pueblo indígena (cuya negación absoluta de la violencia verbal, mental o física es proverbial) se localiza en gran medida en la margen derecha del Orinoco, cerca de Puerto Ayacucho, capital del Estado Amazonas, en Venezuela, donde ha llegado a ocupar cerca de treinta mil kilómetros cuadrados, extendiéndose sobre multitud de ríos tales como el Sipapo, el Cuao, los Guayapo, Samariapo y Cataniapo, y por supuesto el Parguaza, o el Manapiare, entre otros. Igualmente podemos encontrar comunidades Piaroa en la bellísima Colombia, apoyándose al norte en el río Vichada y en el Guaviare, ya en el sur, en lo que conocemos como la margen occidental del Orinoco.

Apenas dieciséis mil individuos (si llegan) conforman la población Piaroa en la actualidad, siendo conocidos como Huottüja (o la “Gente con conocimiento”) o De’aruha (como los “Señores o dueños de la selva”) conservando todavía hoy su lengua vernácula el  Huottüja ttihuene, de la familia lingüística Sáliva (o Sáliba, que también incluye a otros Pueblos Indígenas).

Cuando tuve la ocasión de conocerlos por primera vez, todavía vivían (las comunidades que yo pude visitar) en los conocidos Isodes, las preciosas casas cónicas construidas a base de Palma y que caracterizaban a los Piaroa hace años. Lamentablemente hoy día muchos de ellos habitan viviendas de tipo unifamiliar (que nadie piense que me refiero a un adosado), con base rectangular (no redonda) al estilo de los Yekuanas.

Casa Amazonia
Casa Indígena en la Amazonia.

He podido participar en varias ceremonias del Yopo, tanto con los Piaroa como con los Yanomamis. Ambas (con ser similares) muy distintas entre sí y desde luego con experiencias altamente impactantes. Pero la que ahora me ocupa tuvo lugar en las cercanías de la capital del Estado Amazonas, una noche tórrida de julio donde los zancudos (mosquitos gigantes) se habían obstinado en devorarnos vivos.

A nuestra llegada todo estaba ya preparado, asistíamos acompañados de nuestro guía, no recuerdo ya si era Darío o el amable Luis (han sido varios los que he conocido) y todo en el poblado respiraba tranquilidad y esa espesa calma que envuelve las comunidades cercanas al Orinoco, cuando la Luna sale y parece querer aplastarnos con su plateado peso. Allí pude conocer a un personaje increíble, que con los años ha llegado a representar, como Consejero, a los Pueblos Indígenas. Se trataba del Chaman del lugar, que ya entonces empezaba a ser conocido por su capacidad de llegar a entender el alma del ser humano, sus dotes para la medicina natural y su comunicación espiritual con los habitantes de la selva. José Antonio Bolívar, el “Capitán”, el último gran Chaman, hoy en día conocido como el “Abuelo Bolívar”. Este Piaroa, pequeño de cuerpo y grande de espíritu, fue el primero que nos guió a través de la mágica, maravillosa y mística experiencia del Yopo. Pero no solo eso. Hubo mucho más.

En ocasiones la expresión “Ceremonia del Yopo” puede dar lugar a confusión, sobre todo hoy en día donde es practicada a veces no ya como una forma de expresión cultural o religiosa, sino ofrecida como un aliciente más orientado al turismo, que al estudio o la reflexión. En realidad las prácticas chamánicas piaroa no se circunscriben al uso de una sola droga o material. Muy al contrario son varios los elementos (algunos potentes alucinógenos) que se utilizan para llevar a cabo sus rituales y ceremonias. Tal es el caso del propio tabaco (jättei) que he tenido oportunidad de ver como consumen al final del uso de otras drogas con gran placer y en forma de grandes y alargados puros, la mayoría de las veces manufacturados por ellos mismos, pero también mezclado y bebido con agua. El Yopo, desde luego, (yuhuä) preparado terroso (que he tenido la oportunidad de probar y sufrir varias veces)  a partir de las semillas de la Anadenanthera Peregrina. Pero también el Caapi (tuhuipä sari), obtenido con las cortezas del Banisteriopsis Caapi , que puede ser bebido, en forma de jugo espeso o simplemente masticado, desde una sencilla preparación. Por último nos encontramos con el Dädä, que se bebe generalmente una vez obtenido y preparado a partir de la corteza del  Malouetia.

Generalmente, se mezclan todas o parte de las mismas en una sola ceremonia, lo cual no es inusual. Lo habitual es reunirse, al abrigo del Isode, para que el Chaman, después de hacer las preparaciones pertinentes ofrezca la posibilidad de probar el Yopo a los visitantes que a él acuden por distintos motivos.

(Continua en Ceremonia del Yopo II)

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